
La historia de Marcos Baeza (Lolol, 1976) bien podría servir como guion para una serie. Nació en un pequeño pueblo ubicado a poco más de 200 kilómetros al sur de Santiago de Chile. Llegó a la capital del país con solo 18 años y comenzó a trabajar en una pizzería del centro de la ciudad como lavacopas. Luego pasaría por un par de restaurantes hasta aterrizar en la cocina del japonés Ichiban (Padre Hurtado Norte 1521, en la comuna de Vitacura), donde no solo aprendió la técnica nipona, sino que también conoció a Naoki Fukasawa, un cocinero japonés que se transformó en su maestro. Prácticamente una década después se lanzó con Naoki (Avenida Vitacura 3875, en Vitacura), su primera aventura en solitario y donde sorprendió a todos con un nuevo concepto que apuntaba a una mezcla de cocina japonesa con algunos ingredientes chilenos que hasta ese momento habían estado lejos del trabajo de los itamaes. Tras dejar Naoki, desde hace un par de años está al mando de Fukasawa (Nueva Constanera 3900, en Vitacura), ahora junto a sus jóvenes hijos Lucas y Marcus, un sitio que se ha consolidado como uno de los restaurantes favoritos de locales y turistas que zucumben antes su fusión japonesa chilena.


