El centro de París se encontraba en silencio absoluto a las ocho de la mañana. No había autobuses ni coches en las calles. La habitual marea de bicicletas había desaparecido de los carriles especiales y algunos padres acompañaban furtivamente a sus hijos completamente cubiertos con gorros y capuchas. El contraste se producía en las carreteras de la región parisina de Île-de-France, donde la acumulación de atascos se había ya disparado y superaba los 950 kilómetros. “Ante un episodio como este, el primer actor es el ciudadano y la responsabilidad individual es esencial”, señalaba en televisión el director general de la Protección Civil, Julien Marion, recomendando “limitar los desplazamientos en coche”. Era ya demasiado tarde.

