Los candidatos ganadores de la primera vuelta presidencial, Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, se tiraron la euforia de un país que había salido a votar en masa, y que venía crispado por la violencia, amenazado por debilitar la fortaleza institucional, el mal gobierno y la polarización. Sin embargo, como siempre cuando la cosa se pone muy jodida, salió la gente a votar para resolver el conflicto mediante el uso de las instituciones. Se redujo la abstención.

