

El escenario comercial internacional se ha vuelto a girar en contra de los intereses del sector primario de las Islas. Las tensiones arancelarias globales y los últimos acuerdos de intercambio comercial han levantado un muro invisible que frena de golpe la progresión del vino canario en EE.UU., provocando una contracción directa en los flujos de negocio exteriores. Los nuevos gravámenes aduaneros fijados entre la administración de Donald Trump y la Unión Europea han comenzado a pasar una factura muy cara a la economía del archipiélago.
Según los datos oficiales expuestos en comisión parlamentaria por el consejero de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias, Narvay Quintero, la exportación vinícola hacia el mercado norteamericano ha sufrido una caída drástica del 12% desde la entrada en vigor de los nuevos aranceles. El daño, lejos de ser un hecho aislado, se extiende en cadena por otros sectores estratégicos de las islas, reportándose también números rojos de consideración en la comercialización exterior de quesos artesanos y pescado fresco.
Vino canario en EE.UU.: bodegas ahogadas y contratos rotos
La situación en los campos de cultivo es de máxima gravedad. Quintero detalló ante el Grupo Nacionalista que el incremento de los costes aduaneros ha obligado a muchas bodegas locales a abandonar la aventura americana al “no poder asumir” los aranceles. Esto ha traído como consecuencia directa la desaparición fulminante de contratos comerciales estables que habían costado años consolidar. Antes de esta última subida de barreras comerciales, el balance de ventas de las Islas con la potencia norteamericana superaba los 8 millones de euros en vinos, más de 5,5 millones de euros en productos pesqueros y cerca de 1,5 millones en quesos.
El consejero tinerfeño criticó con dureza los términos pactados por la diplomacia comunitaria en Bruselas, tachándolos de “mala negociación”. El acuerdo acepta de manera sumisa que los productos europeos asuman un gravamen del 15% a su entrada en suelo estadounidense, mientras que las mercancías americanas acceden al mercado europeo con un arancel del 0%, además de los compromisos paralelos de compra de energía. Esta asimetría condena a las producciones de las Islas a competir en una clara situación de inferioridad, agravada por las estrictas normativas fitosanitarias que se exigen a nivel interno pero que no siempre cumplen los competidores externos de la Unión Europea.
Incertidumbre en el sector primario y el futuro del Posei
La crisis arancelaria no solo rompe la proyección internacional del archipiélago, sino que genera un efecto rebote que amenaza la supervivencia de la ganadería tradicional y el relevo generacional en el campo. El diputado nacionalista Francisco Linares calificó el actual panorama de la economía mundial como un “cúmulo de desgracias todas juntas” generadas por las decisiones unilaterales de grandes mandatarios globales. Como muestra del impacto local, Linares expuso la preocupante falta de yuntas suficientes en citas tradicionales como la romería de La Orotava, un síntoma inequívoco de que la ganadería local está en peligro de extinción, lo que supondría un golpe irreparable a la cultura e identidad canaria.
El miedo y la incertidumbre derivados de estos aranceles están provocando una huida de jóvenes emprendedores que desisten de iniciar nuevos proyectos agrarios. A esto se suma la constante entrada de productos foráneos a través de los muelles de las islas, lo que revienta los precios locales y hace inviable la competencia.
Ante esta tormenta perfecta, la única vía de resistencia para el campo insular radica en blindar a ultranza las herramientas de discriminación positiva: el Posei, el Régimen Económico y Fiscal (REA) y la propia condición jurídica de Región Ultraperiférica (RUP). Aunque España, Francia y Portugal han pactado la necesidad de mantener vivo el reglamento del Posei e incrementar su ficha financiera, en el sector primario se mantiene la desconfianza absoluta ante la tendencia de Europa hacia una globalización total que termine por suprimir las protecciones individuales de las regiones isleñas.

